Ella solo lo hacía para ver cuanto más su cuerpo iba a resistir, cual era su límite, en que momento perdería el control de ese tonto juego y quedaría totalmente a la deriva. Sólo quería saber cuando.
Así que lo seguía haciendo, porque era mil veces más fácil perderse en su pequeño vicio que enfrentar la verdad. Se estaba destruyendo y lo disfrutaba.
Debió haber sido su punto de inflexión cuando terminó en el hospital, pero desafortunadamente no lo fue, lo que lamentablemente solo trajo un sentimiento magnánimo a la chica; porque aún no descubría su límite.
Todo se reducía a quien o que controlaba la situación, que estúpido, patético y lo peor de todo, infantil. Desde que despertaba hasta que se dormía –no importaba la hora- era una constante lucha de poder, de auto-control, una lucha de ego; sólo que peleaba contra ella misma.
Una vez le pregunté por qué tomaba las pastillas, su respuesta “porque puedo”. Quedé tan asombrada con su respuesta, que nunca más volví a tocar el tema con alguien, nunca. Por mucho tiempo quedó en mi cabeza rondando la idea de que porque alguien querría algo así para si mismo y una noche la respuesta se asomó; no lo hacía porque quería, lo hacía porque podía…
Ella era como un fantasma entre toda esa gente, un alma perdida en un mar de ecos, como una pequeña que se ha alejado del lado de su madre y ahora no sabe como volver. Nadie podía ayudarla a volver, porque ella se tenía que guiar devuelta, sólo que ella no tenía la menor intención en volver. Era una desconocida para todos, incluso para ella misma.
Y seguía intentándolo, con todas sus fuerzas, seguía queriendo saber hasta donde se podía presionar. Hasta que una mañana pasó, su cuerpo no aguantó más y pasó lo inevitable, murió. Cuando el cuerpo fue encontrado, tenía una sonrisa en el rostro, lo había logrado; y yo lloré, igual como un niño cuando se le rompen los juguetes, lloré. Era un dolor que nunca pude explicar, me atravesaba el pecho como una lanza y al mismo tiempo apretaba mi corazón de una manera exorbitante, me había dolido tanto su muerte. Simplemente se había llevado una parte de mí que nunca pude recuperar.
Fui al funeral, por alguna razón sentí que debía estar ahí. Vi como su familia se lamentaba, lloraba, sollozaba su partida. Se reprochaban algunos, otros solo lloraban como magdalenas; pero había una niña, sólo una que miraba como si nada de eso estuviese pasando, la pequeña no estaba realmente mirando o prestando atención, sólo estaba ahí, repentinamente me miró y se asustó tanto, que mi cuerpo simplemente dio media vuelta y salí corriendo de ese lugar.
A los días, caminando por ahí encontré a la niña otra vez, se asustó inclusive más que la primera vez en el funeral, salió corriendo, no sé porque la seguí y corrí y corrí hasta llegar a algún punto en el bosque; por alguna razón sentía que ya había estado en ese lugar antes, ¿una fiesta?, no lo creo. Como no divise a la niña en ningún lugar supuse que se había marchado a su casa, así que decidí caminar, dar un paseo, ya que después de todo el lugar no era para nada feo.
Debí haber perdido la noción del tiempo porque cuando me di cuenta estaba a punto de anochecer, me detuve enfrente de un riachuelo que pasaba en el cual refresqué mi cara, haber corrido de veras me había cansado, luego de mi pequeño receso seguí caminando, ahora porque necesitaba encontrar el camino de vuelta.
Caminé y caminé, ya era muy entrada la noche y aún no encontraba la manera de volver, me había perdido en ese inmenso e imponente bosque, pero ¿cómo volver si no sabía el camino de regreso? … en ese momento lo supe, nunca iba a encontrar el camino.
Y la niña me miró otra vez, con una sonrisa en el rostro y la mirada perversa que tenía esa chica. Me había perdido…al igual que ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
algo!