- ¿Qué quieres que mire? Yo no veo nada aquí, más que un puñado de pendejos idiotas.
- Mira con cuidado a tu alrededor, ¿es que no puedes verlo?
- Mejor dime que se supone tengo que ver o si no me levanto y me voy.
- Mira ahí, ¿lo notas ahora?
Y la malhumorada jovencita se giró y sus ojos presenciaron un espectáculo que hace años no admiraban. Era solo una muchachita, un par de años más joven que ellas, pero que en belleza no tenía limites.
Era como ver a un ángel, pero un demonio al mismo tiempo; poseía la belleza celestial de un ángel, pero su mirar y su esencia guardaban el poder, pasión y maldad de un demonio.
- ¡ Whoa!
- Sip, yo quedé tan estupefacta como tu la primera vez que la vi. Y pensar que pertenece a este asqueroso lugar, una pena, una pena.
- La verdad, nunca volveré a subestimar tu gusto.
- Gracias, creo. ¿Nos vamos ya?
- ¿Si? O sea sí, vamos. Se nos hace tarde para eso.
Ambas se pararon de sus respectivos lugares y comenzaron su marcha, pero no sin antes mirar una vez más a la misteriosa -y hermosa- chica que ese lugar pareciese mantener cautiva contra su voluntad.
Necesito volver a verla, es necesario. Pensó nuestra querida amiga que segundos atrás había quedado sorprendida con la jovencita esa. Tengo que volver.
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