Era divertido ver como la "niña" que se iba alejando, ya no era eso, una niña, era una mujer. Había crecido, su mirada ya no era la de una infante que llora por una muñeca, era la cara de una mujer madura, serena y sobre todo feliz.
De la nada salió una sonrisa completamente sincera y tierna.
-¿De que te ríes?-preguntó la mujer al lado de ella,su mujer (sonaba tan raro siquiera pensarlo, y lo hacia ver como algo que poseer, hacia ver a esa mujer que tanto amaba como algo, prefería solamente llamarla Sophie), la verdad es que no sabía de que sonrei, ni por qué, solo lo hacia.
-La verdad, no lo sé. Ella era mi niña y ahora veo que es una mujer, es mi hija y creo que eso me llena de felicidad. ¿Es tonto verdad?
-Nada en ti es tonto para mí, tú no eres tonta para mi.
En ese momento no quise pensar más, solo dejar que mi cuerpo, que mi alma se dejara llevar, sentir esa libertad que me provocaba estar junto a ella.
Sonrei otra vez, pero esta vez no era por mi hija, ya madura, sino que porque yo era feliz, sensata y me atravo a decir que madura
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